De buque insignia a icono de culto
¿Podría el Berlinetta Boxer ser el buque insignia olvidado de Ferrari? La saga arrancó con el 365 GT4 BB de 1973, evolucionó con el 512 BB de 1976 y alcanzó su culminación con el 512 BBi, fabricado artesanalmente, en 1984. Durante un tiempo, el posterior Testarossa le arrebató protagonismo con sus llamativas lamas laterales y una producción más abundante. Al mismo tiempo, la renovada atención de Ferrari a los V12 de motor delantero contribuyó a difuminar aún más su posición. Aun así, la familia Berlinetta Boxer marcó un punto de inflexión para la marca. Introdujo los primeros Ferrari de carretera con motor central y doce cilindros, y marcó el rumbo de décadas de altas prestaciones.
A comienzos de 2026, el interés por el 512 BBi seguía creciendo. Los coleccionistas estaban reevaluando la pureza de su diseño, su espíritu de competición y su encanto analógico. Por eso, los ejemplares bien conservados ya cambiaban de manos por sumas considerables. El modelo había dejado de ser una opción de nicho para convertirse en una afirmación rotunda dentro de cualquier colección seria de Ferrari.
La ingeniería que definió una época
El 512 BBi conservó los elementos esenciales que hicieron especial al Boxer. Bajo su carrocería en cuña firmada por Pininfarina se esconde un 4,9 litros de doce cilindros planos, con doble árbol de levas en cabeza e inyección Bosch K-Jetronic. El paso de los carburadores a la inyección mejoró la facilidad de uso y simplificó el cumplimiento de las normativas de emisiones. De ese modo, algunos coches fueron importados de forma privada y federalizados para circular por las carreteras de Estados Unidos, aunque Ferrari nunca comercializó allí el BBi por canales oficiales. La potencia declarada era de 340 CV, con una velocidad máxima anunciada de 174 mph. Sus prestaciones se situaban, sin duda, en territorio de superdeportivo.
Los cambios estéticos frente al 512 BB fueron sutiles. Una parrilla revisada y unos grupos ópticos delanteros más bajos distinguían al modelo de inyección, mientras que el clásico esquema bicolor de los Boxer siguió siendo muy apreciado. La producción, además, se mantuvo limitada. Ferrari fabricó solo 1.007 unidades entre 1981 y 1984. A ello se sumaban su construcción artesanal y la disposición de motor central. El resultado era un coche concebido claramente en torno al conductor y dotado de un carácter inconfundible.
Las ventas de 2025 apuntaban a un renovado impulso
Las subastas de Monterey celebradas en agosto de 2025 ofrecieron una fotografía útil de la demanda. En Mecum, un 512 BBi de 1984 en Rosso Corsa con interior Nero, 21.168 km (13.153 millas) y mantenimiento reciente alcanzó los 236.500 dólares. Gooding Christie’s, por su parte, vendió por 307.500 dólares un ejemplar en Blu Scuro monocromático con interior Crema y certificación Ferrari Classiche. Ese coche, presente en Estados Unidos desde nuevo, mostraba 24.526 millas y contaba con documentación completa, incluidos libros y herramientas. Quedaba claro que la procedencia, el color y el grado de integridad seguían pesando mucho.
Esas cifras, además, encajaban con el comportamiento general del mercado. Los coches con bajo kilometraje, historial sólido y detalles correctos de fábrica tendían a obtener primas. En cambio, los ejemplares modificados o muy usados solían quedarse atrás. De ahí que los compradores se mostrasen cada vez más selectivos. Buscaban autenticidad, historial de mantenimiento y una preparación experta. Y los vendedores que presentaban bien sus coches obtenían, a su vez, pujas más firmes.
Tendencias de valor y visión de los expertos
Los datos recientes mostraban una horquilla amplia. En los cinco años anteriores, la venta pública más alta registrada alcanzó los 500.938 dólares por un ejemplar de 1982 en una subasta de Aguttes celebrada en 2021.




