De la idea al plano

Un MG TF con propulsión eléctrica atrae miradas por motivos bien fundados. El proyecto nació con la idea de devolver a la vida un clásico mediante una mecánica moderna, pero sin alterar su carácter. También recupera el espíritu de un coche que British Leyland llegó a explorar en su día, aunque nunca lo produjo a gran escala. Tras años de investigación, planificación y búsqueda de piezas, la iniciativa pasó del concepto a la realidad.

El propietario partió de un raro MG TF 1800 y trazó un plan para llevar a cabo una conversión completa a eléctrico en paralelo a una restauración meticulosa. En vez de externalizar todo el proceso, diseñó él mismo la disposición del conjunto y coordinó a los especialistas encargados de ejecutarlo. El resultado requirió alrededor de dos años y medio de trabajo. Hizo falta oficio, constancia y mucha atención al detalle en cada fase.

La ingeniería del corazón eléctrico

En el centro del conjunto se encuentra un motor NetGain Hyper 9 con su correspondiente controlador. Según la fuente, el sistema alcanza una eficiencia del 96%, desarrolla unos 120 CV y pesa solo 120 libras. La energía procede de cinco módulos de batería de Tesla Model S. En conjunto forman una cadena cinemática equilibrada y de respuesta rápida, con par instantáneo y una entrega serena y segura.

Un aspecto clave es que la conversión mantuvo la masa original del coche. El peso total coincide con la cifra de serie. La distribución, sin embargo, mejoró y el centro de gravedad descendió. Eso hace que el coche se comporte con más previsibilidad de la que muchos esperarían de un diseño de los años cincuenta. También acelera con viveza, pero de forma progresiva, algo que encaja bien con el carácter ligero y ágil del TF.

Empaquetado, equilibrio y oficio

Encajar todo dentro de un pequeño roadster británico exigió imaginación. Varios profesionales advirtieron de que el conjunto completo de componentes no cabría. El propietario recurrió entonces al “diseño asistido por cartón”. Midió, cortó y presentó plantillas de cada elemento principal. Pieza a pieza, fue afinando las formas hasta dar con una disposición viable, con apenas una octava de pulgada de margen.

Tres módulos de batería se alojan ahora por encima del motor, en el antiguo vano motor. Otros dos van ubicados bajo el asiento derecho y en el espacio que antes ocupaba el depósito de combustible. Los conductos con acabado torneado situados sobre la caja delantera de baterías llevan las líneas de refrigeración y evocan el detallismo pulido de los Jaguar y Aston de los años cincuenta. El lenguaje visual resulta coherente con la época, aunque la tecnología sea plenamente actual.

En carretera y en el habitáculo

Twisted Voltage, un especialista en vehículos eléctricos de Purcellville, Virginia, se encargó del complejo cableado, de la programación y de las pruebas del sistema. La caja de cambios original de cuatro velocidades se mantuvo, junto con un embrague mejorado. En el uso diario, el coche puede circular la mayor parte del tiempo en tercera, y el embrague apenas entra en juego.

Las prestaciones son vivas, pero fáciles de aprovechar. La dirección y el confort de marcha conservan el tacto de un deportivo británico clásico, aunque la respuesta es más inmediata. La frenada regenerativa ayuda al control y aporta eficiencia. La iluminación LED mejora la visibilidad. Los relojes específicos de Speedhut ofrecen información precisa con una estética inspirada en la instrumentación de época. Un volante Butler de caoba, en la línea de los accesorios de mejora del periodo, combina con un salpicadero de palosanto Santos para aportar calidez y estilo. Los cinturones retráctiles de tres puntos y los asientos calefactados añaden confort y seguridad sin romper el ambiente original.

Conversaciones a pie de calle

Desde su finalización, el coche ha aparecido en encuentros Cars and Coffee, mercados de agricultores y reuniones locales. El público se arremolina enseguida. Algunos lo ven primero como una curiosidad. Otros quieren conocer detalles técnicos sobre baterías, recarga y fiabilidad. El propietario responde preguntas durante horas y acepta de buen grado el debate sobre las ventajas y los límites del coche eléctrico. Esas conversaciones suelen tender puentes entre aficionados veteranos y recién llegados, lo que mantiene el intercambio vivo e instructivo.

De este modo, el coche actúa como un embajador rodante de los clásicos electrificados. Demuestra que patrimonio e innovación pueden convivir. También sugiere que una ingeniería bien planteada puede enriquecer la experiencia original en vez de sustituirla. El proyecto invita a imaginar vías más creativas para dar continuidad a máquinas especialmente queridas.

Un legado poco común, reinterpretado

La base es un MG TF 1800, conocido a menudo como el modelo homenaje Victor. Solo existen unas pocas decenas. En la década de 1970, un pequeño taller de Victor, en el estado de Nueva York, desarrolló un chasis más robusto y paneles de carrocería fieles al original. Su objetivo era práctico: salvar MG corroídos dando una nueva base a motores y elementos mecánicos de MGB, bajo una carrocería que reprodujera la apariencia de un TF de 1954. Los frenos de disco delanteros y unos componentes más sólidos mejoraban las prestaciones y la seguridad, mientras que los paneles de carrocería respetaban tan bien las formas del TF de fábrica que muchas piezas eran intercambiables.

El resultado tenía un aire auténtico y, además, se conducía mejor que el TF 1500 original. Según la fuente, el concepto impresionó a British Leyland. Se llegó a hablar de un pedido conmemorativo de más de mil coches. Por desgracia, la pequeña empresa no pudo aumentar su capacidad para atender esa demanda y cerró poco después. Hoy, los TF 1800 supervivientes son apreciados por combinar una silueta clásica con la robusta base mecánica del MGB. Esta conversión eléctrica prolonga esa historia. Respeta el diseño de época, pero abraza un futuro silencioso y eficiente. Con ello, mantiene viva y en circulación una rara página de la historia de MG.