En noviembre de 2025, Nick Mason, batería de Pink Floyd y conocido aficionado al automóvil, lleva a subasta una pieza muy personal de la historia del motor por una causa especialmente cercana. Su Volkswagen Golf Cabriolet Pink Floyd Edition de 1995 —encargado por Volkswagen durante la gira Division Bell de la banda— se ofrece en subasta, y toda la recaudación se destina al Harefield Healing Garden. Para los seguidores del grupo y los coleccionistas de Volkswagen poco comunes, la propuesta reúne patrimonio musical, rareza automovilística y filantropía.

La colaboración entre Volkswagen y Pink Floyd a mediados de los años noventa dio lugar a una pequeña serie de Golf MkIII inspirados en la gira del grupo. No eran simples adhesivos ni un mero ejercicio promocional. Estos coches incorporaban detalles específicos pensados para los aficionados: emblemas exclusivos de Pink Floyd, tapicería coordinada con la estética de la gira y un equipo de sonido mejorado con el emblema de la banda. Dentro de esa tirada limitada, el Cabriolet de Mason destaca de forma especial. Según el artículo original, es el único ejemplar conocido públicamente que ha pertenecido a un miembro de Pink Floyd, una procedencia que lo eleva de edición especial a auténtica pieza de cultura popular.

Este coche es algo más que una curiosidad de serie especial. Representa un momento en el que la puesta en escena del rock se cruzó con el mundo del automóvil con verdadera intención y cuidado en la ejecución. El hecho de haber formado parte de la colección de Mason añade una historia de primer nivel dentro del universo del rock difícil de igualar. Para un coleccionista, ese relato —sumado a la limitada producción del modelo— lo convierte en una oportunidad poco habitual.

El lote va bastante más allá del coche. La venta incluye un conjunto seleccionado de recuerdos, todos ellos firmados personalmente por Mason. Entre las piezas destacadas figuran un par de baquetas, un ejemplar firmado de su celebrado libro Into the Red —centrado en los coches clásicos de competición—, cuatro vinilos de Pink Floyd, una camiseta original con las marcas de VW y Pink Floyd, y varios DVD firmados, entre ellos The Story of Wish You Were Here. El salpicadero del coche también lleva la firma de Mason, con fotografías aportadas como respaldo de su autenticidad. En conjunto, el lote une dos pasiones: la precisión y el romanticismo del automóvil, y el legado creativo de una de las bandas más influyentes de la historia del rock.

Mason adquirió el Golf con la intención de restaurarlo, aunque no llegó a completar el proyecto. En lugar de presentarlo como una pieza totalmente terminada, lo ofrece junto con una amplia selección de piezas originales, invitando al próximo propietario a culminar el proceso. Para un entusiasta de Volkswagen, supone la posibilidad de devolver a la vida una variante singular de la era MkIII. Para un seguidor de Pink Floyd, es una forma tangible de preservar una parte de la historia de las giras del grupo. La subasta incluirá un inventario detallado de componentes para dar al adjudicatario una guía clara de cara a la restauración.

El destino benéfico de la venta da pleno sentido a la historia. El Harefield Healing Garden se encuentra en el Harefield Hospital, uno de los principales centros ingleses dedicados a la atención cardiaca y pulmonar. Este espacio ofrece a pacientes, familiares y personal un entorno sereno y reparador, en fuerte contraste con la intensidad de un escenario o el sonido de un motor. La relación de Mason con el hospital es personal: un familiar suyo y dos amigos cercanos recibieron atención en Harefield. En sus palabras, apoyar el jardín es «un pequeño gesto de agradecimiento que puede beneficiar a pacientes, visitantes y personal».

De acuerdo con el planteamiento benéfico de la donación, en esta venta de 2025 el coche se ofrece sin precio de reserva, y también la comisión del comprador se destina íntegramente a la organización. La subasta corre a cargo de Iconic Auctioneers y figura como uno de los lotes centrales del NEC Classic Motor Show de Birmingham, un marco apropiado para un coche que combina interés coleccionista y resonancia cultural. Para los pujadores, el evento ofrece más que la opción de hacerse con un raro Golf Pink Floyd Edition: brinda la posibilidad de contribuir de forma directa a un espacio concebido para la recuperación, la reflexión y la convivencia.

Ya se contemple este lote desde la óptica del aficionado a Volkswagen, del devoto de Pink Floyd o del amante de las máquinas con historia, su atractivo resulta evidente. Están la propiedad por parte de una celebridad, la procedencia de serie limitada, el rastro de autógrafos y el potencial de restauración. Pero también hay un valor más discreto y duradero: saber que un coche singular y los recuerdos que lo acompañan pueden ayudar a sostener un jardín donde otras personas encuentran consuelo en un momento vulnerable.

Los coches acumulan historias: de viajes, de propietarios y de momentos concretos. Este Golf Cabriolet de 1995 conserva el eco de una gira mundial, la firma de un batería cuyos ritmos ayudaron a moldear la música moderna y una promesa de renovación, tanto para el propio coche como para quienes se beneficien del jardín al que apoya. Para el comprador adecuado, no es solo una adquisición: es un legado en movimiento.

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