Una cápsula del tiempo impecable entra en el garaje de Leno

La fiebre por los coches de colección sigue siendo intensa, sobre todo cuando se trata de supervivientes con un kilometraje bajísimo. Gabriel “Fluffy” Iglesias contribuye encantado a esa tendencia. El cómico tiene especial habilidad para encontrar clásicos casi nuevos y le gusta enseñárselos a sus seguidores. En esta ocasión apareció en Jay Leno’s Garage con un Chevrolet Camaro IROC-Z de 1989 con unas 400 millas en el odómetro.

Antes, Iglesias ya había acaparado miradas con un Chevrolet Impala SS de 1996 con menos de 1.000 millas. Esta vez elevó aún más el factor nostalgia con un IROC-Z de tercera generación que parece recién salido del concesionario. Y el coche plantea una pregunta muy simple: ¿preservarlo o conducirlo? Iglesias ya tiene clara su respuesta. Quiere crear recuerdos, y piensa hacerlo en la carretera.

El legado del IROC-Z y lo que lo hacía especial

La denominación IROC-Z procedía de la International Race of Champions, una serie que reunía a grandes pilotos de distintas disciplinas. Chevrolet presentó el IROC-Z en 1985 como la versión de prestaciones de referencia dentro de la gama Camaro. Llegó con una silueta rebajada, un agresivo kit aerodinámico, lamas en el capó y una identificación específica. Los ingenieros también reforzaron los componentes para que la mecánica estuviera a la altura de la imagen.

Delante, el coche adoptaba un sistema MacPherson revisado, con mayor avance para afinar la respuesta de la dirección. Los amortiguadores Delco/Bilstein y una barra estabilizadora trasera de mayor tamaño mejoraban el equilibrio y el agarre. Así, el IROC-Z ofrecía un comportamiento convincente en las pruebas de la época. También dejaba claro que el músculo podía convivir con cierto refinamiento. Esa mezcla sigue haciendo del modelo una pieza deseada tanto por conductores como por coleccionistas.

La unidad de Fluffy y su historia

El ejemplar de Iglesias pertenece a la recta final de la vida comercial del IROC-Z, que terminó tras el año modelo 1990. Según su historial, el coche se vendió nuevo en un concesionario de Ohio. Un coleccionista se hizo con él en 2025, y poco después pasó a manos de Iglesias. De ese modo, el odómetro permaneció prácticamente congelado durante décadas, a salvo del desgaste que acumulan la mayoría de los coches.

Como muchos aficionados, Iglesias compra las máquinas con las que soñaba de niño. Su éxito como monologuista le permite hacerlo a gran nivel. Además, busca originalidad y estado de conservación, y a este coche no le faltan ni una cosa ni la otra. El IROC-Z sigue transmitiendo la sensación de una cápsula del tiempo, hasta en ese golpe seco y sólido con el que cierran las puertas, como si acabara de salir de fábrica.

Una configuración discreta con mucha personalidad

Muchos IROC-Z lucían llamativas franjas laterales. Este no. La configuración stripe-delete rebaja la carga visual del perfil y deja que destaquen sus líneas. El color de la carrocería, Dark Red Metallic, aporta además calidez y profundidad sin resultar estridente. El conjunto se ve a la vez sofisticado y musculoso.

Hay un detalle que se ha actualizado con buen criterio. El coche ya no rueda sobre sus neumáticos originales Goodyear Eagle. Es un cambio importante, porque los neumáticos envejecen incluso almacenados, y una goma antigua puede ser insegura. En su lugar, el Camaro monta neumáticos nuevos, listos para los kilómetros que tenga por delante. Mientras, el corazón sigue siendo plenamente de su tiempo: un V8 de 5,7 litros con inyección y una potencia declarada de 230 CV. Suena suave al ralentí y responde con un bramido lleno de autoridad cuando se pisa el acelerador.

La puesta a punto de Jay Leno y el placer de conducir

Antes de que Iglesias empezara a sumar millas por su cuenta, Jay Leno hizo lo que mejor sabe hacer. Se subió, arrancó el motor y sometió al IROC-Z a una buena prueba en carretera. Unas cuantas aceleraciones decididas bastaron para despertar el V8 y llenar el entorno con un sonido grave y rotundo. El coche se percibía sólido, aplomado y con ganas, como una máquina nueva en 1989.

La prueba de Leno ofreció algo más que entretenimiento. Mostró cómo un clásico de bajísimo kilometraje todavía puede ofrecer tacto de vieja escuela con la precisión de un coche recién estrenado. También confirmó que conservar con cuidado no tiene por qué significar condenarlo a una hibernación permanente. Con el mantenimiento adecuado, una cápsula del tiempo puede ser al mismo tiempo una pieza de colección y un coche utilizable.

¿Preservarlo o conducirlo? Mejor las dos cosas

Los coches como este siempre generan debate. Algunos sostienen que cada milla adicional erosiona su valor y su rareza. Otros creen que los coches deben moverse, respirar y acumular historias. Iglesias, al final, se sitúa claramente en el segundo grupo. Respeta el estado del coche, pero también quiere disfrutar de lo que solo puede ofrecer el asiento del conductor.

La decisión, además, honra la razón de ser de estas máquinas. Fueron concebidas para transformar combustible y aire en sonido y velocidad. En ese sentido, conducir con cuidado puede ser una forma de preservación tan válida como dejar el coche aparcado. Basta con llevar al día líquidos y neumáticos, y con dar sentido a cada kilómetro. En resumen, el IROC-Z puede seguir siendo una pieza codiciada mientras hace exactamente aquello para lo que fue construido: rodar y disfrutarse.