Un arranque relajado para la semana del automóvil en Arizona
Cada enero, la pasión por el automóvil desborda Phoenix y Scottsdale. El Arizona Concours d’Elegance se ha convertido en el punto de partida de esa oleada con una puesta en escena elegante. Celebrado el 18 de enero en el Scottsdale Civic Center, el certamen marcó un tono distinguido y acogedor para los días siguientes. La exposición se percibía amplia y serena. Los coches no estaban apelotonados, de modo que sus líneas y detalles se apreciaban con claridad.
No había cuerdas ni barreras. Los visitantes podían examinar de cerca la calidad de ejecución y conversar con los propietarios. Esa cercanía rebajaba la tensión habitual de muchos concours. También invitaba a los recién llegados a sumarse a la conversación. A la vez, la lista de clases equilibraba el rigor histórico con un punto de ligereza. Los iconos preguerra compartían césped con pequeños coches de aire playero y familiares de mediados de siglo. El resultado fue una muestra tan amplia como profunda. Para los aficionados locales y para quienes se desplazaban hasta allí, ofrecía un comienzo fresco y contenido antes de la vorágine de subastas en Arizona.
Mercedes-Benz celebra sus 140 años con elegancia
La edición de 2026 también funcionó como un homenaje oficioso a los 140 años de Mercedes-Benz. Una réplica del Patentwagen de 1886 recibía a los asistentes en la entrada. El programa del evento incluía además un breve repaso a la historia de la marca firmado por el autor Karl Ludvigsen. Aunque no hubo clases exclusivas para la firma, Mercedes apareció en casi todas las categorías en las que podía competir. Su presencia resultó natural, no forzada. Servía también para subrayar el largo recorrido innovador de la compañía, desde los pioneros de los orígenes hasta los hiperdeportivos contemporáneos.
La variedad de Mercedes presentes contaba, por sí sola, una historia completa. Había grandes turismos preguerra, cabriolets de posguerra con carrocería artesanal, leyendas de competición e híbridos avanzados de nuestro tiempo. Quedó a la vista el ADN técnico de la marca. Los visitantes podían percibir una continuidad clara: audacia mecánica, diseño elegante y gusto por la velocidad. En suma, el aniversario no fue un tema aparte, sino un hilo que recorría toda la exposición.
Ganadores que definieron la elegancia y la velocidad
Las decisiones del jurado reflejaron tanto la calidad artística como la autenticidad. El American 50/60 HP Underslung Scout Roadster de 1908 ganó la Clase 1 por su innovadora arquitectura baja y por su rareza. Cerca de él, un Auburn 851 Supercharged Boattail Speedster se impuso en la Clase 2 gracias a su dramatismo art decó y a su brío sobrealimentado. El Bugatti Type 57 Stelvio, recientemente renovado, obtuvo el premio del director/presidente, prueba de que los cupés de turismo siguen sabiendo captar miradas.
Después llegó una auténtica lección magistral alemana. Un Mercedes-Benz 540K Cabriolet B de 1936 ganó la Clase 3 y el Mercedes-Benz Award of Excellence. También recibió un Director’s Choice y el Best in Show preguerra. Los Mercedes siguieron sumando reconocimientos en los premios especiales. Un Mercedes 300 SL Gullwing de 1955 obtuvo el Arizona Concours Award for Design. Por su parte, un prototipo W194 —vencedor en las 24 Horas de Le Mans de 1952— se llevó el Award for Exceptional Engineering in Period. En conjunto, estos galardones subrayaban hasta qué punto elegancia y prestaciones pueden ir de la mano.
Sorpresas en todas las clases y épocas
Más allá de los grandes nombres, la variedad mandó sobre el césped. La clase Avant Garde coronó a un Cadillac Eldorado de 1954 impecable, todavía cargado del hechizo de Motorama. Los familiares de mediados de siglo también tuvieron su momento. Un Pontiac Bonneville Safari de 1963 restaurado, con sus llantas de ocho tornillos, encabezó su categoría. En preservación, un Buick LeSabre de 1959 en tono lavanda conquistó al jurado por su originalidad y su sabor de época.
Los deportivos europeos también mostraron nivel. Un Jaguar E-type de 1966 ganó su clase, mientras que un Ferrari 330 GT 2+2 del mismo año impresionó por su historial en concursos y por el esmero de su presentación. La competición de posguerra aportó otra dosis de dramatismo. Un Jaguar D-type, restaurado con la decoración de Carroll Shelby, se hizo con tres trofeos, entre ellos el Best in Show de posguerra. En una categoría dominada por modelos estadounidenses de fuerte personalidad mecánica, un Chevrolet Corvette de 1953 se llevó la victoria gracias a su seis cilindros con triple carburación y a su importancia histórica.
Tecnología moderna, aire playero y favoritos del público
La ingeniería actual también tuvo su propio escaparate. El Mercedes-AMG ONE, con propulsión híbrida derivada de la Fórmula 1, se impuso por poco en la clase de exóticos modernos. A la vez, un Mercedes 300 SC Cabriolet de 1956 ganó la clase de herencia Mercedes, combinando inyección mecánica de combustible y elegancia artesanal. En el lado más desenfadado, el Vespa 400 “Jolly”, con asientos de mimbre y capota de rayas, ganó la clase temática de playa. Demostró que el encanto y la ligereza siguen siendo capaces de conquistar al público.
La dimensión artística también recibió reconocimiento. Un Mercedes-Benz 38/250 SSK obtuvo el Scottsdale Arts Award for Automotive Artistry. El Clive Cussler “Passion for Collecting” Award fue para un Swallow SS1 Coupe de 1935, un capítulo clave en la historia de los orígenes de Jaguar. También hubo coches especialmente queridos por el público. Un Amphicar de 1964 recibió el Make-A-Wish Arizona Kids’ Choice Award. Por último, el Frank Lloyd Wright Elegance in Motion Award distinguió a un Cord L-29 Cabriolet de 1929, pionero de la tracción delantera y dotado de una presencia extraordinaria.
Una cita para apuntar en la agenda
El Arizona Concours sigue creciendo como capítulo de apertura ideal para la semana automovilística de enero en Arizona. El emplazamiento es accesible, el juicio es serio y el ambiente se mantiene acogedor.
Para quien vive cerca, merece un hueco en el calendario. Para quien viaja por las subastas, ofrece una forma más humana de empezar la semana. Antes de que se impongan las salas de pujas, los camiones de transporte y los titulares sobre precios, el Concours devuelve el protagonismo a los propios coches. Ahí reside su valor. Recuerda al visitante que la cultura del coleccionismo no trata solo de transacciones, sino también de diseño, memoria, restauración, preservación e historias personales.
El formato relajado ayuda a que ese mensaje cale. Un concours formal puede resultar intimidante, sobre todo para el aficionado ocasional. El ambiente casi de fiesta en el jardín que se respiraba en Scottsdale rebaja esa barrera. Uno puede admirar un Mercedes preguerra valorado en un millón de dólares y, acto seguido, sonreír ante un pequeño coche de playa con asientos de mimbre. Puede estudiar un veterano de Le Mans y después hablar con alguien que ha dedicado años a preservar un familiar clásico. Ese arco tan amplio da personalidad al evento.
También encaja especialmente bien con Arizona. El tiempo de enero, la luz del desierto y el entorno abierto del centro cívico crean un escenario natural para la pintura pulida, el cromado, el cuero y el metal esculpido. A diferencia de una exposición en interior, los coches respiran dentro del paisaje. Las curvas recogen la luz del sol. Los habitáculos revelan sus texturas. Detalles que podrían perderse bajo una iluminación artificial dura se vuelven fáciles de apreciar. Para fotógrafos, historiadores, coleccionistas y familias, eso importa.
La vertiente benéfica añade otra dimensión. La vinculación del evento con Make-A-Wish Arizona da a la jornada un propósito más amplio, mientras que el Kids’ Choice Award evita que el certamen caiga en la solemnidad excesiva. Ver a los niños elegir su favorito entre clásicos rarísimos y máquinas exóticas recuerda que la afición suele empezar con una alegría muy simple. A veces, el coche más memorable no es el más caro, sino el que hace que la gente se detenga, señale y sonría.
Ese espíritu quizá explique por qué el Arizona Concours ha cobrado tanto impulso. Tiene el nivel de juicio y la calidad de participación que se esperan de un concours serio. Aun así, evita volverse frío o distante. Respeta la historia sin encerrarla tras el ceremonial. Celebra la excelencia, pero deja espacio para la diversión.
Para Mercedes-Benz, la edición de 2026 resultó especialmente apropiada. La historia de 140 años de la marca no apareció condensada en una sola exhibición, sino a través de máquinas muy distintas entre sí. Del concepto del Patentwagen al 540K, el 300 SL, el SSK y el AMG ONE, el arco quedaba claro. Mercedes siempre ha equilibrado ambición técnica con estatus y estilo. Sobre este césped, ese legado se veía vivo, no archivado.
Con todo, la jornada pertenecía a mucho más que una sola marca. Jaguar, Bugatti, Cadillac, Buick, Cord, Auburn, Ferrari, Pontiac, Chevrolet, Vespa y Amphicar también desempeñaron su papel. Esa amplitud dio ritmo al conjunto. No fue un desfile de iconos previsibles, sino una conversación entre épocas, países, usos y personalidades.
A medida que la Arizona Car Week crece y se comercializa más, el Concours aporta un contrapeso valioso. Baja el ritmo antes de que las carpas de subastas lo vuelvan a acelerar. Invita a mirar de cerca antes de pensar en cotizaciones. Recompensa la mirada paciente: el trazo de una aleta, la forma de una parrilla, la textura de una tapicería original, la ingeniería que se esconde bajo un capó.
Por eso el Arizona Concours d’Elegance se siente como algo más que un acto inaugural. Es un recordatorio de por qué importa la semana en primer lugar. Los coches se reúnen en Scottsdale porque la gente sigue apreciando la belleza, el ingenio, la rareza y la capacidad emocional del movimiento. En 2026, sobre un césped soleado de enero, esa pasión se percibía a la vez seria y maravillosamente accesible.




