Del glamour del buque insignia a un coche al alcance de más compradores

En los años cincuenta, Mercedes-Benz acaparaba miradas con su imponente serie 300. Sus admiradores incluso las llamaban “Adenauer”, por el canciller de Alemania Occidental Konrad Adenauer, que favorecía este modelo. Sin embargo, aquellos automóviles señoriales se vendían en cantidades modestas. Para prosperar en un mercado que se modernizaba con rapidez, la marca también necesitaba una familia de coches de mayor volumen.

Los primeros modelos de posguerra, como los 170 y 220, todavía mantenían trazos de preguerra. Los clientes, no obstante, querían algo más actual. La Europa de la reconstrucción también exigía una ingeniería eficiente y un mejor aprovechamiento del espacio. Por eso, Mercedes-Benz recurrió a un nuevo lenguaje de diseño que prometía una aerodinámica más limpia, más espacio interior y una estética contemporánea. El resultado redefiniría el futuro de la compañía y fijaría una pauta que muchos rivales acabarían siguiendo.

El auge del diseño Ponton

La estética “ponton”, o pontón, surgió cuando los diseñadores integraron los faros en unas aletas de trazo continuo y alisaron los flancos de la carrocería. Sus formas redondeadas evocaban la silueta flotante de un pontón; de ahí el nombre. Muchos fabricantes adoptaron la idea, entre ellos Nash, Renault, Ford y Volvo. Mercedes-Benz, sin embargo, la asumió con una profundidad y una disciplina poco corrientes.

Más allá de la nueva silueta, la empresa también avanzó en la ingeniería bajo la carrocería. Los primeros modelos Ponton llegaron en 1953 sobre la plataforma W120, con motores de cuatro cilindros y árbol de levas en cabeza. De forma decisiva, introdujeron además la construcción autoportante en la marca. Esa estructura reducía el peso y aumentaba la rigidez. El resultado eran coches sólidos y modernos a la vez, además de sentar las bases para versiones más potentes.

La ingeniería del W180 y del 220 S

Cuando Mercedes-Benz pasó a los seis cilindros, la plataforma creció con ellos. La serie W180, lanzada en 1954, adoptó una batalla más larga. Ese incremento mejoró las proporciones y liberó más espacio en el habitáculo. También favoreció la calidad de rodadura. El buque insignia de esta línea, el 220 S, llegó en 1956 y afinó aún más la fórmula.

Bajo el capó se encontraba un seis cilindros en línea de 2.195 cc con árbol de levas en cabeza. Una relación de compresión más alta y la admisión con doble carburador le daban más viveza. Mercedes declaraba 106 CV DIN, equivalentes a 124 hp SAE. La fábrica ofrecía berlinas para el uso diario, además de elegantes coupés y cabriolets de dos puertas para quienes buscaban algo especial. Así, la serie Ponton equilibraba practicidad y prestancia.

Un raro 220 S Cabriolet de 1959, bajo el foco

Entre las variantes Ponton más codiciadas figura el 220 S Cabriolet. Solo 2.178 ejemplares salieron de fábrica, y los supervivientes siguen siendo muy apreciados. Un coche restaurado de 1959 en azul claro ilustra por qué este modelo continúa cautivando. El color realza sus flancos suaves y su parrilla distinguida, mientras la capota plegable subraya su sereno espíritu de gran turismo.